lunes, 4 de diciembre de 2017

Mayúsculas y minúsculas en documentos administrativos y jurídicos

El estilo de la escritura en el sector jurídico-administrativo es uno de los más afectados por el uso indebido de las mayúsculas. Así, con frecuencia podemos encontrarnos con textos invadidos por ellas, en los cuales no parece que se siga norma alguna al usarlas.

Para analizar el uso de las mayúsculas y las minúsculas en algunos de los términos más empleados en el campo jurídico-administrativo, partiré de que este uso es uno de los temas más complejos en el ámbito de la ortografía. Las normas de las mayúsculas y las minúsculas en español están sujetas a tantas variantes posibles que en muchos casos no existe un único criterio válido para establecer la frontera entre la mayúscula y la minúscula en palabras dentro del mismo contexto.

A continuación se citan unos cuantos términos que son genéricos y específicos al mismo tiempo. Así pues, el asunto se complica cuando se tienen argumentos para escribir de los dos modos estas palabras. En casos concretos, debe dejarse clara la diferenciación para poder distinguir entre una clase de palabras y otra, como los nombres propios y los comunes. Para facilitar su lectura, es necesario que estos textos guarden coherencia en este aspecto ortográfico y se unifiquen criterios en cada documento.

Derecho
  • Minúscula. Si se usa para referirse a ámbitos del derecho en general: el derecho laboral, el derecho internacional, el derecho mercantil, el derecho de asilo, el derecho de pernada. Está muy extendido el uso de las mayúsculas iniciales en la expresión los derechos humanos, pero es un sustantivo común que debe escribirse con minúscula inicial.
  • Mayúscula. Cuando nos referimos a asignaturas, materias de estudio, cátedras, facultades, etc., generalmente en contextos académicos o curriculares: Soy licenciado en Derecho; Estudio Derecho Francés. Cuando forma parte del nombre de un departamento, una facultad, un organismo, un documento oficial o histórico, etc.: la Facultad de Derecho, la Asociación Española de Derecho de la Propiedad Intelectual, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Justicia
  • Minúscula. Si se usa de modo genérico: la justicia penal, la justicia militar, la justicia distributiva, la justicia poética, administrar justicia, pedir justicia.
  • Mayúscula. Cuando forma parte del nombre propio de una institución judicial: la Administración de Justicia, el Ministerio de Justicia, el Tribunal Europeo de Justicia. Cuando es la forma abreviada de nombrar al Ministerio de Justicia o a la institución judicial: Justicia e Interior trabajan juntos; La Justicia española solicitó la extradición del traficante.

Tribunal, juzgado, audiencia
  • Minúscula. Si se usa de forma genérica: Tengo que acudir al tribunal médico; El juzgado es aquel edificio; Las audiencias provinciales son tribunales de justicia. Cuando no forma parte del nombre propio de una institución: el tribunal de casación, el tribunal colegiado, el tribunal de honor, el juzgado de paz, el juzgado de provincia, el juzgado de guardia.
  • Mayúscula. Cuando forma parte del nombre propio de un organismo concreto o de su sede: el Tribunal de Cuentas, el Tribunal Tutelar de Menores, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Juzgado de Primera Instancia, el Juzgado de Instrucción n.º 6 de Valladolid, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo, la Audiencia Nacional, la Audiencia Provincial de Salamanca. Si se menciona de forma abreviada a la Audiencia Nacional: La jueza de la Audiencia instruyó el caso por terrorismo.

Corte
        En algunos países de América llaman Corte a lo que en España se denomina Tribunal; por lo tanto, seguirá las mismas normas que Tribunal: la Corte Suprema.

Ministerio
  • Minúscula. Cuando se emplea como un nombre común y no se refiere a una institución: Hablaremos cuando salga del ministerio. También es un nombre común si nos referimos a un cargo, empleo, oficio u ocupación: el ministerio sacerdotal, o al tiempo que dura el ejercicio de ministro: Durante su ministerio descendió el número de parados. En denominaciones completas y específicas de dos o más organismos: Los ministerios de Hacienda y Economía estudian la viabilidad de las pensiones. Si no se tiene la seguridad de cuál es su denominación específica: Los ministerios de defensa de los cinco países llegaron a un nuevo acuerdo.
  • Mayúscula. Cuando se refiere al nombre de un departamento o área de un Gobierno: el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, el Ministerio de Interior.

Organismos públicos, instituciones, sociedades, asociaciones, departamentos
  • Minúscula. Cuando no forma parte del nombre propio de una entidad, sino que se usa de modo genérico: Trabajo en el departamento de ventas; Soy socia de la organización Médicos Sin Fronteras; La asociación de correctores UniCo trabaja para dar a conocer la profesión. En algunos países de América, departamento equivale a 'provincia': el departamento de Putumayo (Colombia).
  • Mayúscula. En todas las palabras importantes que forman parte de los nombres oficiales de entidades, secciones administrativas, organismos, instituciones, divisiones territoriales, establecimientos, organizaciones, asociaciones, etc.: el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes, la Sociedad Peruana de Cardiología, la Diputación Provincial de León, la Administración General del Estado, el Centro Nacional de Inteligencia, el Instituto de Geología de México, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, la Agencia Española de Protección de Datos, la Juventud Vanguardista Costarricense, la Organización Mundial de la Salud.

Órganos de una sociedad: Consejo de Administración, Asamblea General, Junta General
  • Minúscula. Si se utiliza de modo genérico para designar una reunión o evento: El consejo de administración en la sociedad actual; Se celebró una asamblea general de accionistas; Se reunieron en una junta general.
  • Mayúscula. Cuando se refiere a un órgano de gobierno colectivo de una entidad pública o privada o se emplea como un nombre propio que no admite otra denominación: La decisión final recae en el Consejo de Administración de la empresa; La Asamblea General de la Universidad de Salamanca; El presidente de la Junta General dio un discurso.

Nombres de títulos y cargos
  • Minúscula. Por razones de solemnidad y respeto, en muchos contextos del lenguaje jurídico, administrativo y empresarial sigue manteniéndose la mayúscula inicial en los nombres de cargos o títulos de cierta relevancia, sobre todo en los encabezamientos y pies de firma de las cartas y comunicados. Sin embargo, son nombres comunes que deben escribirse con minúscula inicial, vayan solos o acompañando al nombre al que se refieren: presidente del Gobierno, jefe del Estado, ministra, delegado, director, rectora, secretario general, diputada, senador, consejera, concejal, jueza, magistrado, alcalde, notario.
  • Mayúscula. Es obligatoria en las abreviaturas de los títulos o cargos: D./Dña. o D.ª (don/doña); Sr./Sra., también, Sr.ª o S.ª (señor/señora); Pdte./Pdta. (presidente/a); S.ª (señoría); Ilmo./Ilma. (ilustrísimo/a), Mtro./Mtra. (ministro/a). No debe olvidarse el punto abreviativo, la marca que señala que falta parte de la palabra.

Leyes, códigos, decretos, tratados, convenciones, órdenes, declaraciones
  • Mayúscula. En todos los elementos significativos del título (sustantivos, adjetivos y verbos): la Ley para la Ordenación General del Sistema Educativo, el Código Civil, el Real Decreto 122/1999, el Tratado de Maastricht, la Convención de Ginebra, la Real Orden, la Declaración Universal de los Derechos del Niño.

Cuando la descripción que conforma el título de la ley es demasiado extensa, solo se escribe en mayúscula el primer elemento: Ley 14/2017, de 6 de octubre, por el que se aprueba la reactivación extraordinaria y por tiempo limitado del programa de recualificación profesional de las personas que agoten su protección por desempleo. En este caso, en el que se prescinde de las mayúsculas en todas las palabras representativas, suelen usarse las comillas o la cursiva para delimitar la extensión del título.

Términos que se escriben enteramente en mayúsculas


Las mayúsculas aplicadas a todas las letras de una palabra o expresión también sirven para destacar o subrayar elementos dentro de un documento. Estas mayúsculas facilitan la lectura de los textos informativos cortos. Suelen verse en estos casos:
  • Los verbos que expresan finalidad o introducen las partes esenciales de un documento, como certifica, expone, solicita, considerando, desestimamos, etc. El texto que sigue a estos verbos se escribe en línea aparte:
               SOLICITA:
               Que mediante este escrito le sea aceptada y tramitada su renuncia al cargo de                                 concejala.
  • Los números ordinales que ordenan los antecedentes o los fundamentos:
                Antecedentes
                PRIMERO.- La parte dispositiva de la resolución…
                SEGUNDO.- Contra la anterior resolución…
                TERCERO.- En la tramitación del juicio…
  • Los términos en los que se cita breve y repetidamente a las partes intervinientes en un documento:
                La Universidad Autónoma de Barcelona, en adelante, la UNIVERSIDAD…
                D. Álvaro López Sanz, en adelante, el DEMANDANTE…
  • En textos informativos, las oraciones que manifiestan el contenido principal del escrito:
                PROHIBIDO DEPOSITAR BASURAS EN TODO EL TÉRMINO MUNICIPAL.
  • Términos como aviso, nota, advertencia, etc., cuando introducen un texto de forma autónoma:
                AVISO: El pago de recibos se efectuará los lunes.

Conviene destacar que existe la falsa creencia de que la tilde no es obligatoria en las mayúsculas. Excepto en el caso de las siglas, que nunca se tildan, las mayúsculas llevan tilde siempre que la palabra lo requiera, conforme a las normas generales de acentuación.

Bibliografía

Ortografía de la lengua española (Espasa, 2010).
Diccionario de la lengua española en línea.
Libro de estilo de la Justicia, de la Real Academia Española (Espasa, 2017).
Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas, de José Martínez de Sousa (Trea, 2010).

Mi agradecimiento a Diego Ibáñez Rivera por su generosidad y maestría en la exhaustiva revisión de este artículo.

domingo, 26 de marzo de 2017

Corrección de poesía


En el número diez de la revista Deleátur (clicar para leer el artículo completo; página 44), de la Unión de Correctores (UniCo), se ha publicado mi artículo sobre la corrección de poesía. Desde aquí doy las gracias a la revista y a quienes colaboraron conmigo: Eduardo Fraile, Belén Artuñedo, Mar Sancho y Julio F. Alcalá. También agradezco a Rosa Iglesias y Diego Ibáñez, estupendos compañeros de profesión, que revisaran el artículo.


¿Cómo se enfoca la corrección de poesía?

Corregir poesía no es cosa de atrevidos o insensatos. Los correctores de este género literario no somos espíritus elementales ni tenemos el alma en pena vagando por las esquinas del idioma. Para corregirla bien solo hay que saber interpretar las imágenes efectistas que el poeta proyecta en su texto. Tampoco creo que sea fundamental saber escribir poesía para corregirla, pero sí conviene haberse empapado de ella leyendo a los grandes y a los que no lo son tanto.

La poesía empezó a importarme cuando era muy pequeña y mi interés por ella fue creciendo conmigo. Cuando empecé a corregir de forma profesional, en 2009, contaba con un bagaje lector de obras poéticas bastante amplio. Tuve la suerte de estrenarme corrigiendo el poemario de una autora con un buen manejo de los recursos poéticos. Me inicié en este campo porque me lo pidieron, así que la corrección de poesía me buscó a mí, no yo a ella.

Algunos dicen que corregir poesía es difícil, pero quizá sea exagerado. Desde mi punto de vista, no lo es más que abordar cualquier otro tipo de texto literario. Corregir bien, en general, sabemos que no es tarea fácil. La dificultad que puede suponer trabajar con textos poéticos se salva con pasión y respeto hacia el género. Si a un corrector le apasiona la poesía, tendrá más posibilidades de enfrentarse a su labor con éxito. No es imprescindible tener una sensibilidad fuera de lo normal ni entablar una relación sentimental con el poema; pero, en mi opinión, sí se tiene que estar dotado de cierta sensibilidad para corregirlo bien. Hay que estar muy atento a la música, a la métrica y al ritmo, aunque, de distinta forma, esto último también es preciso en la corrección de la prosa poética y la narrativa.

La poesía no es un género tan minoritario como se empeñan en decirnos; sin embargo, muchos optan por autopublicarse, ya que las editoriales solo suelen apostar por autores consagrados. Es frecuente que los poemarios de autores noveles necesiten una corrección más profunda, que exige tener mucho cuidado para no pasarse con el maquillaje. Corrijo, sobre todo, las faltas de ortografía, las conjugaciones verbales incorrectas, las faltas de concordancia, el mal uso y el abuso de los posesivos, la falta o el exceso de los signos de puntuación, las comas criminales y la mayusculitis. Llamo la atención sobre los problemas de construcción del poema, como el uso de metáforas incoherentes o figuras retóricas mal empleadas, y cualquier mínimo cambio de estilo que efectúo se lo marco al autor con un comentario para asegurarme de que expresa la intención con que ha sido escrito. Hay poetas con un vocabulario muy rico y claro; otros son más rígidos y afectados y menos comprensibles. Por supuesto, siempre hay que respetar el estilo del autor, aunque puede darse el caso de que ese estilo sea casi inexistente y que la corrección corra el riesgo de acabar convirtiéndose en otra cosa.

Cuando alguna editorial me ha encargado la corrección de un poemario, ha sido de un autor con más experiencia. Entonces es cuando se nota el oficio del poeta; por eso hay que tocarlo muy poco. Lo normal es que estos textos solo necesiten una corrección ortotipográfica: dobles espacios, alguna coma que sobra o falta, comillas o cursivas claramente impropias, tildes que se resisten a eliminar, mayúsculas o minúsculas incorrectas y alguna errata. No puedo hablar de obras traducidas porque no he corregido ninguna hasta ahora.

No existen manuales específicos para corregir poesía. Hay que seguir las normas de la RAE, pero adaptarse al poema: el contexto siempre manda. El buen poeta explora y crea lenguaje. Si sabe hacerlo bien, habrá que tocarlo poco, salvo algún despiste. Por ejemplo, si el poeta ha escrito un verbo que no admite un uso intransitivo, un adjetivo desconcertante o una preposición que parece no encajar, casi seguro que no se trata de un error, sino de un juego malabar dentro de esa exploración de los límites del lenguaje. Aunque la poesía es el género literario que más licencias permite, también debe cumplir un objetivo, y no todo vale. El sentido común también es necesario para corregir poesía.

El maestro José Martínez de Sousa, en su manual Ortografía y ortotipografía del español actual, nos ofrece una información valiosa en cuanto a la correcta disposición de los párrafos, los versos, las firmas y los títulos de los poemas. Si bien los aspectos de estilo se aprenden leyendo poesía de diferentes autores y editoriales; cuanta más, mejor. En fin, soy consciente de que voy a decir una obviedad, pero a corregir poesía se aprende corrigiendo poesía.

Tal vez no haya un gran número de correctores profesionales especializados en este campo porque no abunda el trabajo ni suele pagarse de manera especial. Esto no quiere decir que se editen pocos poemarios, sino que no se corrigen muchos. Este tipo de textos exige un contacto casi permanente con el autor, algo que supone un tiempo extra de trabajo, que no suele considerarse a la hora de cobrar. Sin embargo, quienes amamos la poesía preferimos trabajar con este género literario a pesar de todo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Modas del lenguaje: ‘y es que’

Ya he hablado aquí sobre las modas del lenguaje en los artículos «El tiempo de la climatología», «A día de hoy», «'En primera persona' no es lo mismo que 'en persona'» y en «Infinitivo introductor o 'tarzanismo'». Son expresiones que podemos oír hasta el hartazgo en los medios de comunicación y se van extendiendo como una plaga.

Es el caso de y es que, una locución muy utilizada en el lenguaje coloquial. Si aguzáis un poco el oído podréis comprobar que, sobre todo en la radio y la televisión, la usan muchas veces de forma inadecuada.

El giro (y) es que sirve para expresar una justificación, un pretexto o una contrariedad: No acudiré a la fiesta… Es que estoy cansada; ¿Me das un abrazo? Es que hace tiempo que no te veo. También para especificar algo a lo que nos hemos referido antes: Tienes una virtud, y es que eres paciente; Voy a darte una buena noticia, y es que encontré trabajo.

www.elmundo.es, 19 de abril de 2016

No debe usarse y es que con valor causal, esto es, para introducir una oración que explique el motivo de algo. Os pongo unos ejemplos:
*El sábado helará, y es que bajarán las temperaturas.
*Debería hacer más ejercicio, y es que me sobran unos kilos.
*Su libro ha sido un éxito de ventas, y es que está muy bien escrito.

La Fundéu nos recomienda varias alternativas de la expresión y es que con valor causal, como porque, ya que, debido a que o la razón es que.

Estas son algunas opciones correctas de los ejemplos anteriores:
El sábado habrá heladas debido a que bajarán las temperaturas.
Voy a hacer más ejercicio, ya que me sobran unos kilos.
Su libro ha sido un éxito de ventas porque está muy bien escrito.

Todos podemos equivocarnos en el uso del lenguaje. Sin embargo, si os dejáis guiar por las modas lingüísticas, algo que a veces es inevitable porque se pegan con facilidad, aseguraos antes de que no estáis maltratando nuestro idioma.

Existen bastantes expresiones, muletillas conocidas por todos cuyo uso abusivo resulta cansino, que merecen otra entrada. Así pues, las dejo para otra ocasión. Algunas son estas: de alguna manera/de algún modo; en cualquier caso; en este sentido; entre comillas; a nivel de; la verdad es que/lo cierto es que; lo que es (y sus variantes); como muy, y mucho.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Infinitivo introductor o ‘tarzanismo’

El infinitivo introductor ha llegado a convertirse en una de las construcciones más usadas en los medios de comunicación hablados. Lo emplean periodistas, presentadores, conferenciantes, locutores de radio, políticos, e incluso escritores y profesores. Aunque en menor número, también podemos encontrarlo en textos escritos. Seguro que habréis tenido ocasión de comprobar que es otra moda muy extendida.

A este infinitivo lo han bautizado de diversas formas: infinitivo introductorio o introductor, infinitivo de generalización, infinitivo de cierre, infinitivo enunciativo, infinitivo radiofónico, infinitivo fático, infinitivo como verbo principal o «tarzanismo». El nombre que más me gusta es este último. No es normativo, claro, pero es el más simpático. Este divertido término es una acertada invención del filólogo riojano Rubén Pérez Negueruela.

El infinitivo radiofónico se utiliza como verbo principal de una oración, sin que se apoye en ningún otro verbo conjugado. Por ejemplo: *Deciros que la reunión ha sido un éxito; *Por último, agradecer la colaboración de los informáticos; *Sobre este asunto, añadir que la empresa subirá los salarios en breve; *En el apartado que nos ocupa, insistir en la fecha límite del proyecto.


Recorte de http://elminuto7.com, 26 de agosto de 2014

En los ejemplos anteriores se está elidiendo el verbo principal; por eso son oraciones incompletas, gramaticalmente incorrectas. El infinitivo nunca debe usarse como verbo principal de una oración.

Según el maestro Leonardo Gómez Torrego, este uso del infinitivo «resulta brusco y poco cortés». No puedo estar más de acuerdo con él.

Estas son algunas opciones correctas: Quiero deciros que la reunión ha sido un éxito; Por último, me gustaría agradecer la colaboración de los informáticos; Sobre este asunto, cabe añadir que la empresa subirá los salarios en breve; En el apartado que nos ocupa, es importante insistir en la fecha límite del proyecto.

No hay que confundir el infinitivo fático con el infinitivo nominal, que es correcto y realiza la función de nombre en una oración: El caminar del gato me resulta elegante; Este continuo sufrir es insoportable.

También es correcto el infinitivo verbal: Llegar a un acuerdo con ella solucionaría el problema; Decir que el caballo tiene cuatro patas es una obviedad.

En general, quienes echan mano del «tarzanismo» dicen que lo hacen por economía del lenguaje y porque prefieren elaborar un discurso impersonal o de generalización. Sin embargo, creo que muchos lo emplean por puro desconocimiento, siguiendo, como digo, una moda lingüística más.

Huid, pues, de este empleo tan desafortunado del infinitivo, que empobrece la lengua y denota un gran descuido en el buen uso de nuestro idioma.

domingo, 22 de junio de 2014

¿Salís a correr o hacéis 'running'?

Una de las ventajas de vivir en el campo es que se puede salir a correr a gusto mientras se disfruta del aire casi limpio, sin los inconvenientes de la ciudad, como los semáforos, que obligan a detener la marcha. Yo no corro porque hace muchos años que me lo prohibió mi traumatólogo, aunque sí me doy unas buenas caminatas a paso ligero para contrarrestar las horas que me paso sentada, trabajando frente al ordenador.

¿A cuántos de vosotros os gusta echar una carrera con frecuencia? ¿Podéis correr al aire libre en algún parque cercano?

Da la impresión de que muchas personas tienen reparos a la hora de usar el verbo correr. Creo que se sale a pasear, a caminar o a correr, depende de las preferencias o la salud de cada cual. ¿Dónde está el inconveniente?


Magazine Fuera de Serie, El Mundo, 15 de junio de 2014

Antaño se hacía footing, término que es un falso anglicismo (palabra o giro inglés), pero que fue muy popular. Desde hace un tiempo, muchos corredores no corren ni se echan una carrera, sea un encuentro deportivo o no, sino que los runners hacen running. Puede que crean que haciendo running van más rápido, así que alguien debe decirles que no: usar estos términos ingleses no garantiza una buena carrera, oigan. Que running, además, vaya acompañado del verbo hacer, cuyo uso no se censura, pero evita que se empleen otros verbos más precisos en determinados contextos, tampoco embellece esta expresión.

El inglés ha enriquecido nuestro idioma con préstamos necesarios que hemos adaptado al español, como líder, de leader; tuit, tuitero/a, tuitear, con su origen en Twitter; wasap, wasapear, de WhatsApp, etc. Otras palabras las hemos incorporado tal cual, como web, blog y chat, por tratarse de términos que no presentan problemas de pronunciación en español. La lengua evoluciona y hay que dar la bienvenida a los neologismos (palabras nuevas).

Magazine Fuera de Serie, El Mundo, 15 de junio de 2014

Veíamos en la entrada «Extranjerismos innecesarios» que ningún idioma es totalmente puro; todas las lenguas han tomado prestado algo de otras lenguas. Sin embargo, parece que la gente se avergüenza de usar su propio idioma o pretende ser muy moderna; por eso emplean tantos anglicismos, sobre todo. Hacer running es esnob (término admitido, del inglés snob), se mire como se mire. Lo absurdo es que se empleen anglicismos crudos (palabras o expresiones en inglés que no han sido adaptadas a nuestro idioma) cuando tenemos un término exacto en español para usarlo. A veces, incluso hay más de uno. Nuestro idioma es rico y variado, ahí está la gracia.

¿Extranjerismos? Sí, gracias, pero solo cuando están justificados y si su empleo no empobrece nuestro lenguaje. Llamemos a las cosas por su nombre.

lunes, 7 de abril de 2014

Uso correcto del verbo 'tildar'

Tildar es uno de esos verbos que algunos periodistas colocan sin pensar antes si es apropiado para la oración que se traen entre manos. Por eso, en algunas ocasiones lo emplean donde no deben. Lo mismo ocurre con el verbo tachar. Como tantos otros, estos usos incorrectos pueden evitarse con una rápida consulta al diccionario.

La Real Academia dice que tildar, entre otros significados, es 'señalar a alguien con alguna nota denigrativa'; por lo tanto, este verbo no puede emplearse en sentido positivo o neutro, sino que debe usarse para 'atribuir a alguien una característica negativa'. Puesto que se tilda a personas, no debemos usarlo para cosas. El verbo tachar, que significa 'atribuir a algo o a alguien cierta falta', es el apropiado para emplearlo con las cosas.

El Diccionario panhispánico de dudas indica sobre el verbo tildar que «es incorrecto su empleo con adjetivos de significado positivo […]. Tampoco debe usarse con el sentido general de 'calificar'».

Error de El Mundo, 6 de abril de 2014

En esta oración del periódico El Mundo, el adjetivo extraordinaria tiene un sentido positivo, así que no puede tacharse ni tildarse de extraordinaria su propuesta. Debió usarse un verbo como calificar: «Su propuesta, acogida por Harvard y calificada de “extraordinaria” por el Gobierno de EE. UU.»; o considerar: «Su propuesta, acogida por Harvard y considerada “extraordinaria” por el Gobierno de EE. UU.».

También hay que tener en cuenta, como señala el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Espasa), de Manuel Seco, que el verbo tildar se construye con la preposición de, no con el adverbio como. Es decir, se tilda de algo a alguien, no se tilda como algo a alguien. Ejemplos: Me tildó de egoísta y mentiroso (correcto); *Me tildó como egoísta y mentiroso (incorrecto).

Tildemos, pues, solo cuando queramos calificar negativamente a alguien, y tachemos cuando vayamos a poner alguna falta a alguien o algo.

Si queréis, podéis tildarme de machacona, que lo soy.